Después de cuatro meses sin recibir las indemnizaciones, los empleados despedidos de la fárbica de caramelos Lipo, ubicada en la calle Monseñor Guarrachino (continuación de la calle Pergamino) al 2300, de Escalada Este, partido de Lanús, volvieron a reclamar frente al establecimiento y consiguieron reunirse con el responsable de la firma. Sin embargo, no hubo compromisos de reincorporación y apenas surgió la posibilidad de comenzar a pagar algunas liquidaciones. Mientras tanto, los 65 operarios que permanecen en actividad también denuncian atrasos salariales.

“La fábrica tomó esta decisión por un tema de plata, porque no alcanza lo que se vende para cubrir todos los sueldos”, relató sobre la explicación que recibieron. Durante la reunión, los afectados pudieron plantear sus dificultades económicas y familiares, aunque la respuesta empresarial quedó limitada a una eventual negociación de las indemnizaciones.

Según el Ministerio de Trabajo bonaerense la empresa no tiene previsto cerrar sus puertas. Además, informaron que la próxima audiencia está programada para el 17 de noviembre, cuando las partes volverán a discutir la situación laboral.

El conflicto actual comenzó hace aproximadamente cuatro meses, cuando Lipo comunicó mediante cartas documento el despido de 32 empleados. La compañía invocó supuestos incumplimientos laborales, vinculados con el desempeño y la actitud frente a las tareas habituales. “Para todos los trabajadores utilizaron los mismos pretextos y los mismos artículos de la Ley de Contrato de Trabajo. Así que no hay muchos fundamentos. Estamos hablando de personas que no presentaban ninguno de esos problemas. Fueron despedidos indiscriminadamente”, aseguró.

La intervención gremial permitió recuperar cinco puestos mediante distintas audiencias en la delegación laboral de Lanús. De esta manera, quedaron 27 trabajadores desvinculados, algunos de los cuales iniciaron demandas judiciales y otros continúan buscando un acuerdo con la empresa.

Tras la reciente protesta, el responsable de Lipo abrió una posibilidad de negociación, aunque solamente para quienes todavía no acudieron a la Justicia. “La empresa no se comprometió a reincorporar. Lo que sí dijo es que está la posibilidad de empezar a pagar la liquidación final de algunos compañeros, que serían los que no habían iniciado la demanda judicial”, precisó, quien aclaró que ese grupo representa una minoría y que todavía no cuenta con una cifra exacta.

Algunos ex empleados comenzaron a realizar changas o viajes mediante aplicaciones para conseguir ingresos de forma rápida, mientras otros atraviesan dificultades para mantener tratamientos médicos de sus familiares. Una pareja con dos hijos gemelos con autismo necesitan acompañamiento terapéutico y educación especializada. Según relató, la pérdida del empleo también les impidió sostener la cobertura médica que utilizaban. “Todo eso lo perdieron porque, al no tener la cobertura médica, no pudieron sostenerla porque obviamente no tienen el ingreso”, explicó. A esto se agregan las necesidades cotidianas de las familias que llevan meses sin percibir el dinero reclamado.

La reducción del personal muestra otra dimensión de la crisis. Cuando el delegado ingresó a la compañía, hace aproximadamente 16 años, trabajaban entre 250 y 300 personas, distribuidas en tres turnos rotativos de ocho horas y media. Actualmente quedan 65.

La actividad también cambió. Lipo produce caramelos y chupetines, pero dejó de elaborar algunos sabores y perdió presencia frente a otras marcas. El delegado identificó a Arcor como su principal competidor, por lo que aclaró que la presión comercial no proviene necesariamente de productos importados. En paralelo, la empresa prepara el lanzamiento de una nueva golosina similar a una gomita. La iniciativa genera malestar entre los despedidos, que observan cómo se proyecta ampliar la oferta comercial mientras sus indemnizaciones siguen pendientes.